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Diez blancos. Un reloj. Adelante.
¿Qué tan rápidos son tus reflejos? Cinco rondas, un promedio.
Gira, come, crece. No te muerdas a ti mismo.
Salta carril por carril entre el tráfico.
Cambia de carril. No te dejes golpear. Nunca.
Un blanco. Huye. Tú lo persigues.
Lanza la pelota al aro. Después empieza a moverse.
Piano tiles a toda velocidad. Un fallo y se acabó.
Atrápalo todo. Tres fallos y quedas fuera.
¿Qué tan alto puedes apilar antes de que se haga muy delgado?
Sigue la racha. Sabe cuándo la suerte está de tu lado.
Mira, repite, uno más cada vez.
Un toque equivocado termina la partida.
Treinta segundos de cálculo mental.
Elige la mejor suma, puerta tras puerta, a toda velocidad.
Desenfunda antes que el forajido, duelo tras duelo.
Recuerda dónde estaba cada ícono.
Cinco rondas, una zona objetivo que se encoge.
Confía en tu reloj interno. Tres rondas.
Haz crecer el palo lo justo para llegar a la siguiente plataforma.
Lanza cuchillos al tronco giratorio. Nunca golpees uno.
Cinco giros. Detén la aguja en la marca.
Toca dentro del arco. Cambia de dirección y se acelera cada vez.
Salta la cuerda mientras da vueltas. Cada vez es más rápida.